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Trayectoria del "Hombre de Cobre"
Desde su hallazgo hasta la llegada al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York
DOCUMENTACIÓN
A partir del trabajo de investigación documental realizado, este apartado presenta una síntesis de la información proveniente de distintas fuentes —académicas, institucionales y documentales— con el objetivo de reconstruir la trayectoria histórica del denominado “Hombre de Cobre”, desde su hallazgo en Chuquicamata, noviembre de 1899, hasta su actual resguardo en el American Museum of Natural History (AMNH).
A partir de esta revisión, se abordan los principales procesos que han marcado su historia, incluyendo su descubrimiento, circulación y musealización, así como los distintos discursos y valoraciones que han acompañado su transformación a lo largo del tiempo.
Recorrido histórico del "Hombre de Cobre"
Desde su hallazgo hasta la llegada al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York
Una de las principales fuentes sobre esta historia corresponde a una carta escrita por Edward Jackson a F.D. Aller el 18 de junio de 1912. En ella se relata el descubrimiento del denominado “Hombre de Cobre” el 22 de noviembre de 1899 en la mina La Restauradora, Chuquicamata. El cuerpo, perteneciente a un minero prehispánico fallecido hace aproximadamente 1.500 años tras el colapso de una galería minera, presentaba un estado de conservación excepcional debido a la infiltración de cobre, que tiñó su piel de verde. Junto a él se hallaron diversas herramientas mineras, como martillos de piedra, cestos y mochilas de cuero, asociadas a la extracción de minerales como atacamita y turquesa.




En su carta, Edward Jackson relata que se encontraba en Chuquicamata cuando fue descubierto el denominado “Hombre de Cobre” en 1899, ofreciendo inicialmente dinero por el cuerpo al minero que realizó el hallazgo. Tras una disputa entre los administradores de la mina sobre si el cuerpo constituía o no parte del arrendamiento minero, José Toyos logró adquirirlo y posteriormente venderlo a Jackson. Desde entonces, el cuerpo comenzó a circular como objeto de exhibición y comercio, siendo mostrado en distintas ciudades de Chile y luego vendido a los empresarios Torres y Tornero.
En 1901, estos últimos llevaron el cuerpo a la Gran Exposición Panamericana de Buffalo, Nueva York, donde fue presentado bajo una narrativa sensacionalista como el “cuerpo petrificado de una raza extinta”. El éxito de la exhibición impulsó nuevas publicidades y exhibiciones, aunque también estuvo acompañado de conflictos económicos, deudas y acusaciones de fraude entre los distintos involucrados. El propio Jackson terminó declarando que comerciar con cuerpos humanos había sido “un pecado”, afirmando que apenas obtuvo ganancias del negocio.
Carta de Edward Jackson al señor F.D. Aller, 18 de junio de 1912 (Archivo Nicolas Grum, fuente original AMNH).
Posteriormente, el rastro del cuerpo se pierde hasta 1905, cuando el magnate J.P. Morgan lo compró y donó al American Museum of Natural History, donde permaneció por más de un siglo. Los objetos asociados al minero, —herramientas líticas, cestos y mochilas de cuero—, fueron adquiridos por el Museo Nacional de Washington D.C. y luego transferidos al Museo en Nueva York en 1912, reuniéndose nuevamente con su dueño original.










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